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En este articulo introduciré la noción de resiliencia, un término cada vez más usado en los útimos 5 años en la literatura de temas de sostenibilidad, especialmente desde la llegada de las Iniciativas de Transición y la aplicación del diseño permacultural en los centros urbanos.

Según Rob Hopkins, fundador del Movimiento de los Pueblos en Transición, el concepto de resiliencia es más útil que el concepto de sostenibilidad, puesto que la definición de sostenibilidad en sí, no da indicaciones de cómo alcanzarla ni que características deba tener una sociedad que se defina a sí misma como tal. El concepto de resiliencia, en cambio, nos puede ser muy útil para construir unos indicadores de sostenibilidad más claros y pragmáticos.

 

La definición de resiliencia que aparece en el Manual de Transición y que procede del campo de la Ecología es:

“la capacidad de un ecosistema de aguantar choques externos y reorganizarse mientras cambia, para poder retener esencialmente la misma función, estructura, identidad y mecanismos de retroalimentación.”

El concepto de resiliencia, emergió cuando los ecologistas empezaron a preguntarse por qué ciertos ecosistemas colapsaban al sufrir perturbaciones mientras otro no. Los descubrimientos hechos nos ayudan a comprender de qué maneras los sistemas pueden adaptarse y prosperar, al tiempo que se adaptan al cambio.

El Centro de Resiliencia de Estocolmo, es uno de los lugares donde se estudia la resiliencia en ámbito académico y nos aporta la siguiente definición, simplificada, de resiliencia:

La resiliencia es la capacidad de tratar con el cambio y continuar desarrollándose.

La resiliencia se refiere a la capacidad de un sistema socio-ecológico de resistir a las perturbaciones de, por ejemplo, choques climáticos o económicos y reconstruirse y renovarse después. La pérdida de resiliencia puede causar la pérdida servicios eco-sistémicos importantes, y puede llevar incluso a transiciones o cambios rápidos hacia situaciones y configuraciones cualitativamente diferentes, evidentes por ejemplo en: las personas, los ecosistemas, los sistemas de conocimiento or culturas enteras.

Características de los sistemas resilientes

Los sistemas resilientes suelen exhibir las siguientes características:

Sostenibilidad y resiliencia

Si comparamos sostenibilidad y resiliencia, normalmente la sostenibilidad se enfoca más sobre la eficiencia energética (y consecuentemente la reducción de los insumos a un extremo de la cadena de producción) y la mitigación de los efectos perjudiciales del cambio climático (reduciendo los productos perjudiciales, la contaminación, las emisiones de gases invernadero, etc.), sin tener en cuenta los efectos a más corto plazo del pico del petróleo (ver abajo). Por ejemplo, si se quisiera aumentar la sostenibilidad de un supermercado y reducir sus emisiones de carbono, esto podría requerir criterios más restrictivos de empaquetado a todos sus proveedores, disminuyendo así el uso de  envoltorios y las emisiones y residuos relacionados. También podría comprar neveras de clase A++ para mejorar aun más su eficiencia energética. Por otra parte, el pensamiento resiliente se centraría en observar que el cierre de las tiendas locales de comida, al que los supermercados han contribuido en gran medida (y que sólo tienen unos 3-5 días de stock de alimentos almacenados, la mayoría de los cuales ha tenido que ser transportado desde lugares muy lejanos), tiene como efecto una enorme perdida de resiliencia comunitaria en cuanto a su seguridad alimentaria, además de su vulnerabilidad por la dependencia de los combustibles fósiles.

Un caso interesante de lo último, procede de un estudio en el que se encontró que Nueva York  tiene las emisiones per cápita más bajas de CO2 de muchas grandes ciudades occidentales porque, al ser muy compacta, es más fácil desplazarse a pies o en transporte público y que se necesita menos calefacción en invierno. Así que desde un punto de vista del cambio climático, puede considerarse como una ciudad modélica en cuanto a las emisiones de carbono. Pero en cuanto se introduce el tema de la dependencia de los combustibles fósiles las cosas cambian. Una gran ciudad  como Nueva York, depende fuertemente de los combustibles fósiles para prácticamente todas sus actividades y de la distribución centralizada de la energía, y una disminución en la energía disponible, debida por ejemplo a un aumento importante de los precios del petróleo (o a un apagón, por ejemplo), o un aumento repentino de los precios de los alimentos, podrían afectar gravemente a la población. Recién lo hemos visto en Cataluña, durante la última nevada con miles de usuarios sin electricidad durante varios días (aunque en este caso el problema no fue debido a la subida  de precios del petróleo, pero sí al hecho de que los usuarios dependemos de una gestión centralizada de la energía en lugar de una producción y gestión distribuidas). Lo vimos también en Barcelona durante los apagones del verano de 2008 y en otras zonas de Cataluña anteriormente. Nueva York también sufrió un gran apagón, en agosto  de 2003. Las noticias que recién recibí del  Instituto de Permacultura de Chile (IPC), a raíz del terremoto que golpeó ese país, son interesantes en cuanto demuestran que un asentamiento, aunque pequeño en comparación a una ciudad grande, diseñado para la autosuficiencia a través del diseño de permacultura (El IPC se encuentra en la región del Bío-bío, una de las más castigadas por el seísmo) apenas sufrió daños materiales y en ningún momento estuvieron con falta de alimento, agua corriente o tuvieron problemas para deshacerse de sus residuos. En cambio, en la capital,  Santiago de Chile, aun estando lejos del epicentro del seísmo, perdió durante unos días el suministro de agua potable (totalmente dependiente de la energía eléctrica en una gran urbe) y de comida (depende de los combustibles fósiles y del buen estado de las carreteras).

Algunos ejemplos más de resiliencia

Una comunidad puede hacer una campaña para reciclar los plásticos, en la que todos los residuos plásticos industriales y domésticos se recogen para reciclarlos.

Aunque casi seguramente sea mejor para el medio ambiente, prácticamente no aporta ninguna resiliencia a la comunidad. Podría ser que una mejor solución (a parte de producir menos residuos plásticos, obviamente) sería desarrollar otros usos para los residuos plásticos que requieran un mínimo de procesamiento, tal vez produciendo bloques de construcción con el plástico comprimido o algún tipo de aislante para uso
local. El solo hecho de recogerlo y mandarlo a otro sitio no deja a la comunidad en una posición más fuerte, ni con más capacidad de responder creativamente a los cambios y los choques. Lo mismo vale para algunas estrategias que proponen campañas del cambio climático que no toman en cuenta el pico del petróleo.

Plantar árboles para crear zonas arboladas en la comunidad puede absorber carbón (aunque la ciencia está dividida sobre este tema) y mejorar la biodiversidad, pero hace muy poco para crear resiliencia, mientras implantar bosques bien diseñados que combinan en el mismo espacio árboles y vegetales que producen alimentos, sí crea resiliencia. En la iniciativa de Millennium Forests se perdió una oportunidad perfecta para implantar un recurso clave; ahora ya podríamos tener bosques comestibles por todo el país, empezando a dar sus frutos (tanto metafóricamente como literalmente).

1El Centro de Resiliencia de Estocolmo es un centro internacional que hace investigaciones transdisciplinarias para la governancia de los sistemas socio-ecológicos con una enfasis special en la resiliencia.

Categoría: Permacultura
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